Entrevista a Diego Segura


Diego Segura (Ceuta, 1943) es un artista polifacético que desenvuelve su espíritu creativo en frentes muy dispares. desde la pintura y la escultura pasando por el desarrollo filosófico de conceptos de vida respetuosos con la naturaleza y el medio ambiente, es uno de los precursores del turismo rural en nuestro país, un hippie de los de antes que aboga por una sociedad universal donde exista una sola cultura, suma de todas las demás. Como cada año, el escultor afincado en león vuelve a su ciudad natal para apadrinar la muestra internacional de arte postal, una oportunidad que aprovecha para seguir manteniendo vivo el contacto con la tierra que le vio nacer.

Ceuta, Marruecos, Barcelona ...¿cuál es el poso que ha dejado en usted cada uno de los sitios donde ha vivido?

He ido enriqueciéndome en cada uno de estos lugares. Nací en Ceuta y crecí en Asilah, una tierra sedimentada por miles de años de trascendencia histórica. Después estudié en Barcelona, una ciudad cosmopo­lita y universal en un momento en que la ciudad era todavía más abierta que ahora, cuando era menos catalanista. Llegó un momento en que tuve un cambio de con­ciencia por el que me uní a las corrientes de pensamiento naturalista que estaban dentro de mí desde que nací, al hilo del movimiento hippie.

¿Cómo llegó hasta esta corriente?

Tuve un momento de crisis y decidí dejarlo todo. Para mí las crisis son positi­vas, porque cierras una puerta para abrir otra. En aquel entonces tenía un estudio como decorador, pero por la muerte de mi padre y otra serie de acontecimientos deci­dí empezar de nuevo en el campo. Me fui con unos amigos y empezamos un proyecto de vida en comunidad de tipo naturista. Allí elaboramos una serie de principios y una lista de cosas con las que no estábamos de acuerdo. Dimos una especie de salto al vacío, porque en aquel momento en España no había alternativas.

¿Aquello es lo que denominaron Taller 7?

Sí, empezamos a colaborar con revistas como Ajoblanco, Integral... y desde ese ámbito comenzamos a crear conceptos que eran nuevos entonces pero hoy están prác­ticamente consolidados como la biocons-trucción, la biocultura, la agricultura eco­lógica, el turismo rural...

Fueron unos pioneros.
Más bien una especie de extraterrestres (sonríe). Una de las sensaciones que tengo muchas veces, junto a otras personas, es que soy ex-temporáneo del momento gene­ral de la sociedad. Cuando voy a estos ambientes me siento como en mi casa. Ceuta por ejemplo, me acoge desde otros parámetros que son las raíces. Pero aunque yo no soy localista me gusta colaborar en lo que puedo con la ciudad, ya que es un sitio abierto donde confluyen distintas culturas, y por su puesto es donde nací.

¿Cómo influye en usted esta mezcla de culturas?

Yo soy laico, no milito ni tengo ninguna confesión, pero mi filosofía personal es una mezcla de todas las religiones. He pasado por el yoga, el conocimiento de las costum­bres del islam, soy cristiano de nacimiento, y en este momento me siento un poco parte de todo. Un ciudadano del mundo que no olvida donde están sus raíces.

¿Qué es lo que queda hoy en día de aque­llas teorías y esa forma de vida que defen­dían desde el Taller 7?

La sociedad tiene muchísimas resisten­cias, sobre todo porque en sus costumbres está mediatizada y condicionada por las grandes empresas productoras. Aunque parece que en un momento aquellas corrientes desaparecieron, las semillas de aquello han fermentado, así ideas como la agricultura ecológica se están imponiendo como algo normal y necesario hoy en día a la vista del problema que tenemos encima que es el cambio climático.

¿Cómo ve el efecto de la globalización en la cultura?

Pienso que a nivel de la cultura y las costumbres va a ser una revolución, que va a nacer una nueva cultura que no será igual a ninguna de las tradicionales. Yo abogo por un calendario festivo universal, una cultura universal, un sentimiento espiritualista laico que englobe e toda la gente que de alguna manera está trascendiendo ya sus culturas más localistas. En el fondo todo es lo mismo, todos partimos de la experiencia vital de la percepción de la naturaleza.

¿Cuál es el papel de Internet en todo esto a su entender?

Es un invento maravilloso, tiene sus ventajas y sus riesgos pero es un lenguaje común que servirá como arma de contacto universal sin barreras. Todavía existen paí­ses donde se le ponen trabas, con lo que ya se le está dando la importancia que real­mente tiene, igual que en su día se quema­ron los libros como medio de difusión de la cultura. El problema es que la resistencia de lo establecido cada vez es mayor, las religiones ponen más énfasis en la no mez­cla, el no mestizaje de las culturas. Eso de alguna forma lo vemos aquí, un lugar donde se habla de las cuatro culturas pero no exis­te la quinta. De ser parte de algo yo sería parte de la quinta, porque de algún modo formo parte de las cuatro tradicionales pero mi libertad ha trascendido y no me veo sujeto a ninguno de los símbolos ni a ninguna de ellas en particular. Creo que esa quinta cultura es la que tenemos que cons­truir, una que sea la suma de todas las otras, con lo mejor de cada una en una sola. Hay que buscar el punto común de la esencia humana y no lo diferente.

¿Cómo define el momento vital en que te encuentra?

Estoy en un cambio de ciclo, un poco "entre dos aguas" pero lo veo como algo positivo. Si no cierras una puerta no puedes abrir otra, así que las cosas que no me inte­resan, las dejo correr.

1 comentario:

  1. Señor Diego Segura comparto su visión sobretodo la ides de formar un Consejo Mundial de Sabios (COMUSA) ya vislumbrado por Juan Comenio, Padre de la Pedagogia del siglo XVII. Lo saluda atentamente Juan Carlos Basso Ponce, agronomo chileno.

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